Los tiburones, al igual que las rayas y otros peces medio raros llamados quimeras, son cartilaginosos, es decir, que su esqueleto no está formado por hueso, sino por cartílago, como el material que forma el lóbulo de nuestras orejas o la punta de nuestra nariz. Aparecieron antes que los dinosaurios, hace 400 millones de años, y actualmente se conocen cerca de 500 especies.
Su anatomía es básica y relativamente primitiva. La forma de su cuerpo (comprimido lateralmente y alargado), junto con su juego de aletas y piel compuesta por escamas que más bien parecen pequeños dientes que atraviesan la dermis (dentículos dérmicos), les permite ser muy eficientes al nadar. Además, sus dientes no están fusionados a la mandíbula, sino que los van reemplazando por otros nuevos de manera continua, rápida y en serie a lo largo del borde de sus mandíbulas.
Para su reproducción, algunos son vivíparos, es decir, que los embriones se desarrollan en el interior de las madres, y otros son ovíparos, de manera que ponen huevos y los depositan en los mantos de algas. Tienen una tasa lenta de crecimiento y maduración sexual, y baja capacidad reproductiva, aunque alcanzan una talla adulta promedio de 2 metros, que es bastante grande para ser vertebrados. Pueden llegar a vivir de 25 a 40 años, según la especie.