Veamos cómo es la biología de los insectos. Tienen cabeza, tórax y abdomen. Además, su esqueleto exterior los cubre como si fuera una armadura y los protege de la deshidratación.
En la cabeza se encuentran los ojos, la boca y dos antenas para oler, tocar y orientarse. Sus dos grandes ojos están formados por cientos de facetas. La boca es distinta de un insecto a otro, según la comida que prefieran; así, hay insectos de bocas masticadoras, lamedoras, chupadoras y picadoras.
Debajo de la cabeza está el tórax de donde nacen las alas y las patas. Muchos de los insectos alados poseen dos pares de alas, pero en algunos, como en las moscas y en los escarabajos, uno de esos pares no funciona. Las alas son membranosas y muy finas; algunas tienen escamas, como las de las mariposas, o pelos muy finos, como en la polilla.
En cuanto a sus patas, son seis y se reparten en pares. Los científicos han clasificado a estos insectos como hexápodos, palabra que significa "seis pies”.
Finalmente llegamos al abdomen que se divide en varios segmentos o anillos. En su interior se hallan los órganos reproductores y el aparato digestivo; algunos, como las avispas, llevan un arma muy conocida por nosotros: el aguijón.
Supongamos ahora que operas a un insecto. Al abrir su cuerpo, descubrirás que también tiene su corazoncito, cuya tarea es la misma que en todos los animales: la circulación. Sin embargo, el corazón de los insectos no bombea sangre, sino hemolinfa. Este líquido puede ser incoloro, verde o rojo, según la especie.
Como los insectos no tienen pulmones, respiran por sus tráqueas, es decir, unos tubitos ramificados que llevan el oxígeno directamente a la hemolinfa. En cambio, los insectos acuáticos respiran igual que los peces: por medio de branquias que se encuentran al final del abdomen.
Los insectos se reproducen con mucha facilidad. ¡Y de dos maneras, como si con una no les bastara! Algunos son ovíparos, es decir, se reproducen por huevos. Otros son ovovivíparos, que suena casi igual, pero que es distinto: el huevo se queda dentro del cuerpo de la hembra hasta que el insecto se desarrolla por completo. El número de huevos que puede poner un insecto es variable. Una mosca común, por ejemplo, llega a poner hasta novecientos.
¿Tendrán los pequeños insectos alguna defensa para sobrevivir en un mundo de seres más grandes que ellos? Claro que sí, y muchas, por cierto.
Algunos adaptan su forma o cambian de color para confundirse entre las hojas o los troncos de los árboles. También hay insectos que muerden al ser atacados, y otros que emplean sus aguijones, como las abejas. Las hormigas rojas, si se las molesta, arrojan un ácido que irrita la piel de su enemigo.
Se podría decir que los insectos comen de todo: jugo de las hojas, frutas, granos, larvas de otros insectos, carne, materia en descomposición, basura o madera.